CAPITALISMO Y MULTINACIONALES: EL DOMINIO MUNDIAL
Por CríticaPolítica
Actualmente, con la expansión del capitalismo a escala mundial (tras el final de la Guerra Fría), las empresas multinacionales de las superpotencias norteamericanas y europeas han seguido un proceso de control mundial, explotando los recursos naturales y la fuerza de trabajo de los países periféricos (sobre todo de África y Asia). Solemos ver claras las acciones neocoloniales de algunos estados (principalmente, EEUU), pero no solemos atender a las acciones de las empresas multinacionales, que son quienes se benefician de las acciones de los estados. Por ejemplo, Irak fue intervenido militarmente por EEUU, España y otros países de la OTAN, y una de las consecuencias de esa intervención tras la cruel guerra fue la privatización del 75% del petróleo irakí, concedido a empresas occidentales como Shell, Exxonmobil, Petronas, North Oil Company, etc.
Los defensores del liberalismo dicen que el capitalismo es el mejor sistema económico posible, porque se ajusta a la naturaleza humana, y que el respeto a la propiedad privada y la no intervención del estado en la economía son la base de la prosperidad. Sin embargo, veremos cómo las multinacionales causan más miseria allá donde más propiedades tienen y menos sujetas a regulaciones están.
Nestlé, la mayor empresa agroalimentaria del mundo, con sede en Suiza, ha privatizado el agua en numerosos países, causando enormes problemas y perjuicios a poblaciones locales. Por ejemplo, en México se apropió de los manantiales del Iztaccíhuatl e impide que las comunidades indígenas y los campesinos autóctonos de la región puedan acceder a este recurso básico. O en un pueblo francés llamado Vittel, lleva décadas explotando sus reservas de agua, causando sequías e impidiendo que se pueda desarrollar un servicio público de sus recursos.
Nestlé también se aprovecha de la enorme desregulación que hay en Costa de Marfil y de la falta de derechos laborales reconocidos y defendidos por el estado, explotando salvajemente la fuerza de trabajo marfileña en los campos de cacao, incluyendo trabajo infantil. Cabe señalar que estos niños, muchas veces son víctimas de trata y esclavitud.
¿Por qué Nestlé puede aprovecharse libremente de una mano de obra baratísima? Porque en Costa de Marfil no hay una regulación laboral aplicada por un estado eficiente. Por eso Nestlé puede explotar libremente a niños africanos pero no a niños europeos: porque en África hay más libertad de mercado en el ámbito laboral debido a la ausencia o inoperatividad del estado en materia laboral.
Podría decirse que no hay libre mercado total en Costa de Marfil debido a la fiscalidad (las empresas deben pagar aranceles por sus exportaciones e impuestos de sociedades). Aunque eso es cierto, también lo es que cada vez hay más liberalización comercial, como el Acuerdo de Partenariado Económico entre la UE y Costa de Marfil.
Inditex, la famosa empresa de Amancio Ortega (admirado en círculos liberales como ejemplo empresarial a seguir), además de explotar a su plantilla laboral a cambio de salarios bajos y malas condiciones en España (así lo denuncian sus trabajadoras), pero donde esta multinacional capitalista (así como otras compañías como El Corte Inglés, Timberland o Primark) hace su gran negocio es en Asia. Negocio fundamentado en las condiciones de semiesclavitud en Bangladesh y en la Índia: larguísimas jornadas laborales, sueldos bajísimos, ausencia de actividad sindical y sumisión de la clase obrera debido a la enorme pobreza y la extrema necesidad de ganar lo que sea para sobrevivir.
¿Por qué las hijas de los liberales europeos que deban trabajar (esos capitalistas sin capital) no deben temer encontrarse en esta dramática situación? Porque viven en países cuyos estados regulan el mercado laboral.
Antes de seguir, es importante comentar el enorme poder que tienen empresas como Inditex para hacernos creer lo que quieren que creamos. Tras el descubrimiento de casos de explotación infantil en Brasil, la prensa española quiso hacernos creer (sin duda, previo pago de talonario por parte de Amancio) que Inditex iba a luchar contra la explotación infantil en Brasil aportando más de un millón de dólares a esta causa. Pero esto es mentira, en realidad Inditex pagó ese dinero para evitar ir a los tribunales y tener una condena mucho más costosa, en virtud de un acuerdo que en Brasil se llama Término de Ajuste de Conducta (TAC), que sólo se aplica a empresas criminales.
No hay más que ver el cambio de titulares que se operó en torno al caso de explotación laboral en Brasil:
Las empresas de telefonía móvil (Nokia, Apple, Samsung, etc), tal y como denunció Amnistía Internacional, suelen obtener el coltán de la República Democrática del Congo, donde sólo un pequeño porcentaje de las minas está controlado por el estado. La mayoría están controladas por grupos armados que aterrorizan a las poblaciones cercanas a las minas (incluyendo torturas, asesinatos y violaciones masivas) para poner a trabajar en condiciones de semiesclavitud a los hombres y niños en las minas.
Este conflicto lleva más de dos décadas, principalmente porque las multinacionales lo alimentan financiándolo (para obtener el coltán a buen precio), aprovechándose de la falta de regulación y de la inoperancia del estado en esas minas.
Diversas empresas agropecuarias y de otro tipo hace años que, amparándose en el derecho a propiedad por la adquisición de dicho derecho previo pago monetario, están acaparando tierras por todo el mundo, fundamentalmente en África. Es el llamado "Land Grab", tras el que se encuentra el Banco Mundial, tal como ha sido denunciado por diversas entidades y también por asociaciones de campesinos de todo el mundo.
Esta infame práctica, amparada por el derecho a la propiedad privada de los medios de producción (y la posibilidad de apropiarse de éstos vía pago monetario) es una auténtica tragedia para el campesinado autóctono: millones de familias (sobre todo africanas) pierden las tierras que han trabajado durante generaciones pero que por la falta de regulación no tenían nominalmente en propiedad registrada, y deben o bien emigrar a las ciudades, o bien trabajar como jornaleros para las multinacionales capitalistas en sus nuevos monocultivos destinados a la exportación.
El Land Grab, aunque afecta a muchos países de todos los continentes, tiene consecuencias especialmente devastadoras en Etiopía.
Pero uno de los casos más escandalosos es el de la empresa Feronia, que acapara tierras y viola derechos humanos en la RDC mientras recibe subvenciones de entidades financieras por el desarrollo.
Otro enorme problema para África es la privatización del agua. Los liberales sostienen que el acceso al agua no es un derecho, sino un servicio, y que por lo tanto debe pagarse. Esta deleznable idea, sumada a la sacralización del derecho a la propiedad privada de los medios de producción, está causando enfermedades y muertes en el continente africano. Empresas como Nestlé, pero también instituciones como Harvard, están acaparando los recursos hídricos africanos, lo cual no repercute en un mejor acceso para la población africana, sino al contrario. Veamos el ejemplo de Ghana, según Environmental Justice:
"After the privatization the level of service was reduced and the per capita demand went from 45 to 20 litres of water per day. The supply of drinking water at national level - non-municipal areas - decreased from 46 percent of the population in 1992 to 30 percent in 1998. In 2002, the Government of Ghana estimated that around 66 percent of urban residents, and only 37 percent of rural residents, had access to drinking water."
Escuchemos al director emérito de Nestlé:
La conocida empresa The Coca Cola Company se aprovecha del trabajo infantil en El Salvador y, además, amenaza el acceso al agua a largo plazo de los autóctonos.
La explotación infantil está perseguida por el estado salvadoreño, pero debido a la debilidad de este estado (algo deseable para el liberalismo), las empresas como Coca Cola pueden explotar libremente la fuerza de trabajo infantil (no directamente, claro, sino mediante intermediarios, pero siendo el resultado final una disminución enorme de los costes de producción y una maximización notable de los beneficios).
Esto son sólo algunos pocos ejemplos de cómo las multinacionales, mediante la expansión mundial del capitalismo, y gracias al apoyo que el BM y el FMI brindan a sus intereses particulares (promoviendo e implementando todo tipo de liberalizaciones y privatizaciones), están dominando la economía mundial, y cómo se aprovechan de la falta de regulación y de operatividad de los estados periféricos de África y Asia. Como señala el economista surcoreano Ha-Joon Chang, el libre mercado no existe. Todo mercado tiene normas, pero que en ocasiones están tan interiorizadas que no las percibimos como regulaciones, como la prohibición del trabajo infantil.
En los países de la periferia se dan justamente las condiciones más parecidas a lo que podríamos denominar "libre mercado" en el ámbito laboral: las empresas pueden contratar a quien quieran, las horas que quieran, el tiempo que quieran, sin sueldo mínimo, sin indemnizaciones por despido, sin regulaciones de seguridad, etc. Los vestigios de un "mercado regulado" se encuentran en los aranceles o impuestos a empresas, pero que los tratados comerciales tienden a eliminar en favor de la liberalización comercial. Sin embargo, las multinacionales son las más interesadas en un mercado libre, y todas (sin excepción) tienden a deslocalizar sus partes productivas a la periferia. ¿Por qué? Porque ahí el mercado laboral es más libre. Tanto, que en ocasiones puede operar totalmente al margen de la tibia regulación estatal.
Por otro lado, las empresas multinacionales capitalistas no actúan solas: son respaldadas por el BM, el FMI y, además, por sus respectivos estados, como es el caso del saqueo británico de África.
El capitalismo es perverso. No sólo por su modus operandi, sino también porque disfraza de humanitarismo sus planes de explotación.
Está plenamente demostrado que el occidente capitalista se financia a través de África, y no al revés: cada año, se saca de África más dinero del que se invierte en el continente.
En conclusión, el capitalismo es un sistema que crea mucha riqueza, pero a costa de la explotación abusiva de la fuerza de trabajo más vulnerable y desprotegida, en buena parte por la falta de regulación e intervención de los estados. Además, la riqueza que crea el capitalismo y materializa dentro de las superpotencias nunca es para toda la ciudadanía: la pobreza estructural es una característica idiosincrática del capitalismo, especialmente en EEUU.
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